Alianza de MediosLa silla vacía: un mueble y la memoria de las personas desaparecidas

La silla vacía: un mueble y la memoria de las personas desaparecidas

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Las fiestas decembrinas son una expresión de alegría pública y son en estás cuando la pérdida del ser querido se aviva, pues detrás de cada desaparecido queda una silla vacía.

Por Scarlett Nordahl para #HastaEncontrarles*

En México la desaparición de personas ha dejado a su paso 120 mil 593 sillas vacías, de las cuales todavía existe la esperanza de que 109 mil 512 se ocupen de nuevo, una vez regresen a sus hogares los hombre y mujeres que continúan sin ser localizados, mientras que el resto, 11 mil 081 personas fueron localizadas sin vida, lograron estar de vuelta en casa, mas no como sus familias lo anhelaban.  

Cuando existe una pérdida de un ser amado, la silla vacía en la mesa de Navidad y Año Nuevo puede intensificar la pena y hacer que la persona que busca se enfrente a emociones complicadas de digerir. La silla vacía recuerda que en ese dolor hay esperanza de que vuelva ser ocupada por ese tesoro, como las madres en Sinaloa llaman a sus hijos desaparecidos, regrese a casa y comparta de nuevo los rituales propios de estas fechas.

“En el 2017 yo empecé a sentir en estas fechas la ausencia y el dolor de tener una familia incompleta y una silla vacía en casa…Pasar estas fechas sola en casa, llorando y viendo que a mi familia le hacía falta un miembro y ahí lo notaba”, comentó María Isabel Cruz Bernal madre de Reyes Yosimar García Cruz, quien fue desaparecido el 26 de enero del 2017 en Culiacán, Sinaloa. Estas fechas nos persiguen a donde vayamos, las decoraciones, las reuniones que nos exigen mostrar una faceta de alegría, aunque no se sienta en el interior, está ahí; recordar lo que se hacía con aquel hijo al que siguen buscando o probar los platos que más disfrutaba, remarcan su ausencia y eso lo vive cada familia que sufre la desaparición, expresa la también líder del colectivo Sabuesos Guerreras, el cual aglutina a más 300 familias en búsqueda de personas desaparecidas en Culiacán.

La silla representa ese espacio en la mesa que se encuentra vacía en decenas de casas. Fotografía: Leo Espinoza

Verónica de León de Cueto, Psicóloga especialista en duelos, explica que lo que viven las personas buscadoras es algo denominado como “duelo complicado”, que tiene que ver como un duelo sin cadáver, un duelo sin funeral, un duelo sin despedida.

Parte de esa complejidad, explica la tanatóloga, es que quienes buscan reconocen también de manera implícita que su familiar murió, pero al hacerlo tendrían que abandonarse en un dolor más grande.

“Hay que aceptar que están en un proceso de duelo por la búsqueda de sus seres queridos, que sepan que finalmente sus familiares están muertos, que las búsquedas son una esperanza para tratar de encontrar un cadáver

“Ellas no quieren dejar de buscar porque la búsqueda se convierte en su sentido de vida. Es por eso que no quieren hablar de duelo”.

La silla vacía, un duelo crónico

Para Ximena Antillón, Antropóloga Forense, la desaparición forzada de cualquier persona implica para sus familiares y seres queridos, entre otras cosas, un primer proceso de daño generado por la angustia y el miedo, la incertidumbre, la impotencia y la incomprensión de las razones y de la magnitud de la agresión.

«Es el llamado duelo crónico o duelo suspendido o duelo crónico, aquel que se caracteriza por una duración excesiva y porque nunca llega a una conclusión satisfactoria; al que otros autores designan como duelo imposible.

«Este proceso se traduce en una situación de estrés que se prolonga en la medida en que no se resuelve aquello que le da origen: la desaparición forzada», señala la antropóloga en el Informe de Impactos Psicosociales del Caso Ayotzinapa (2018).

La especialista refiere que no se puede comparar un asesinato con una desaparición, la cual por sí misma es un atentado a la vida y puede terminar con la muerte.

Las desapariciones de personas, explica, dejan una huella profunda desde distintas vertientes. Son como heridas de guerra, una no elegida, que se lleva en silencio, con la transformación del cuerpo, con la enfermedad.

«Como ha sido documentado ampliamente, el estrés crónico está asociado a una amplia gama de enfermedades no solo mentales, sino además orgánicas, desde autoinmunes hasta cardiovasculares y cáncer, pasando por digestivas, entre otras», indica Antillón.

Estos crímenes tienen singularidades, entre ellas la de falta de información sobre los perpetradores y con ello una serie de preguntas que se agrandan entre quienes buscan a personas desaparecidas: ¿Seguirá vivo? ¿Le tratarán bien? ¿Lo golpearán? ¿Comerá? ¿Tendrá frío o calor? ¿Habrá enfermado?, son algunas de ellas.

Cuando a las personas desaparecidas se les encuentra sin vida, las preguntas suelen mantenerse, pero se suman más: ¿Será mi familiar? ¿Por qué lo asesinaron? ¿Por qué lo dejaron en ese lugar (fosa clandestina, la carretera, un terreno baldío)?

La silla vacía ha servido para visibilizar las desapariciones en Sinaloa. Fotografía: Josué David Piña

La celebración convertida en resistencia contra olvido

En ocasiones realizar algo significativo en honor a ese ser amado ausente ayuda a mantener vivo su recuerdo, da consuelo y le dedica un espacio físico o simbólico para celebrar su vida y la esperanza, eso mismo representa la silla vacía el planteamiento que surgió desde las mismas madres rastreadoras, así lo explica Dante Aguilera Benítez.

El miembro de la colectiva de gráfica popular Juan Panadero  precisa que en torno a esta idea, desde el 2018 se comenzó a instalar en la plazuela Álvaro Obregón, a un costado de la Catedral de la capital sinaloense, una silla, que en su respaldo cuenta con un espejo y la leyenda ¿Dónde están?, con el afán de que más personas se cuestionen y tengan presentes esas ausencias.

“Tal cual, la silla vacía representa ese vacío que hay en un chingo de familias, basado en un símbolo muy cotidiano, porque en todas las casas y en todos los espacios, hay sillas. Incluso hay madres que realmente sienten el espacio de una silla vacía en el comedor, que solamente lo utilizan para cuando llegue a volver la persona que está desaparecida. Siento que es un símbolo muy poderoso y muy fuerte, muy entendible”, dice el artista y activista.

Al convertir un objeto cotidiano en un símbolo, es más fácil que las personas que no son artistas, activistas o estén involucradas con esta problemática pueda sentir el dolor y generar empatía hacia la misma y lo que representa para las familias que buscan a los suyos.

Es así que la silla vacía se convirtió en un símbolo para poder describir las desapariciones en Sinaloa. Incluso, desde 2018 hay ritos de colectivos como el de Sabuesos Guerreras, que instala una silla de dos metros de altura, enorme, al igual que la magnitud de la ausencia, y desproporcionada, como la problemática de desaparición forzada que existe en Sinaloa.

En esa silla colocan un espejo con una leyenda que reza “¿Lo has visto?” para que cualquier persona pueda verse a través de él como una manera de poder  explicar el sentimiento de ausencia, como el que sienten las 5 mil 659 familias con personas desaparecidas.

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*Scarlett Nordahl es feminista y periodista sinaloense. Investigadora para el proyecto #HastaEncontrarles, corresponsal en Mazatlán para Los Noticieristas y colaboradora de Revista ESPEJO.

**Ilustración de portada: Dante Aguilera/Colectivo Juan PanaderoEste trabajo fue realizado para www.hastaencontrarles.com  con el apoyo de Global Organized Crime Index (https://ocindex.net/) y Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GITOC)

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